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Las inversiones seguras no existen (y muy rentables, menos)

Es lógico buscar para nuestros ahorros inversiones seguras y rentables. No queremos que la inflación se coma el resultado de nuestro trabajo o de nuestros esfuerzos para reducir nuestro nivel de vida, por eso pedimos rentabilidad. Pero tampoco queremos asumir la posibilidad de una pérdida. Buscamos la inversión perfectamente segura.

La seguridad total no existe

 

Pero lo cierto es que las inversiones seguras no existen. Siempre hay un riesgo. A veces es tan pequeño que lo consideramos como despreciable pero la verdad es que siempre está allí. Las épocas de bonanza nos engañan, nos hacen creer que nada va a pasar, que todo estará a salvo, pero no es así. Hoy, con las turbulencias de una de las mayores crisis económicas que se ha conocido este país, nos hacemos más conscientes.

Ya lo explicábamos en el artículo que publicamos hace unas semanas sobre como proteger los ahorros en caso de salida del euro: cualquier opción que elijamos tiene sus riesgos. Ni los bonos del Estado presentan una garantía suficiente. Los países pueden suspender pagos (Grecia), los mayores bancos pueden quebrar (Lehman Brothers), el precio de la vivienda puede hacer un recorrido de montañas rusas (burbujas inmobiliarias), y el dinero en metálico puede ser robado o perder su valor (salida el Euro).

 

La rentabilidad es fruta del riesgo

 

Si hablar de inversiones seguras es un error, hablar de inversiones seguras y rentables es un engaño manifiesto. Uno de los principios más básicos de las finanzas es que la rentabilidad es proporcional al riesgo. Quizás la demostración más clara de este principio son los créditos. Una persona solvente podrá conseguir un tipo de interés bastante más bajo que otra persona menos solvente que pida el mismo crédito. Para que le compense el riesgo, el inversor necesita rentabilidad.

Hoy en día, cualquier inversión que prometa una rentabilidad muy superior al IPC nos tiene que llevar a la prudencia. Por desgracia, existen muchas empresas poco recomendables que comercializan productos de riesgo, pero los disfrazan con una bonita palabrería. Eso es lo que pasó con los pagarés de Nueva Rumasa, para citar el ejemplo más famoso de los últimos tiempos.

Cuando se nos propone una inversión demasiado atractiva, la prudencia nos debería llevar a reflexionar. El banco no es nuestro amigo. No busca nuestro beneficio personal ni nuestra seguridad. Busca su propio beneficio. Lo primero es pedir la explicación de tan interesante rentabilidad y sus riesgos. Si no entendemos perfectamente como funciona, lo mejor es desistir. Y si llegamos a comprender, nos daremos cuenta que el riesgo de la inversión es bastante más significativo que lo que nos quieren vender.

Tomemos el ejemplo de Nueva Rumasa. Si no estoy equivocado, la justificación de la empresa para la emisión de los pagarés era la financiación de una nueva fábrica, para un grupo en sólido crecimiento a pesar de la crisis. Por muy mal que este la situación de la banca hoy en día, os podéis imaginar que si de verdad una empresa de este tamaño va bien y está creciendo, no tendrá problemas en conseguir financiación. Y si de verdad opta por financiarse con particulares, ¿por qué pagarés y no bonos? ¿Por qué una rentabilidad mucho más alta que lo normal? ¿Por qué Ruiz Mateos quiere compartir su dinero? No seamos ingenuos.

 

En conclusión, seamos cautelosos cuando nos hablan de inversiones seguras, y muy desconfiados si a eso añaden el calificativo de rentables. Nadie regala nada gratis en esta vida, y por mucho que la adornen, no va a cambiar la realidad: invertir es arriesgar, y un interés alto corresponde a un riesgo alto.

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