Cuando el libre mercado es solo un mito

Seguro que has escuchado este cuento. Supuestamente estamos en un mercado abierto al nivel europeo, donde imperan la libre competencia y la ley de la oferta y la demanda. Según la teoría liberal clásica, esto debería generar riqueza, productividad y mejores precios para los consumidores. Pero incluso si damos por buena la teoría del libre mercado, lo cierto es que aquí no está sucediendo nada de esto. La economía está cada vez más dominada por oligopolios privados que se ríen de las leyes del mercado. Ejemplos.

 

1º- El sector bancario

Precisamente, al redactar el artículo anterior del blog sobre la subida imparable de las comisiones bancarias fue cuando sentí la necesidad de compartir con los lectores la realidad de la situación.

En teoría, los bancos y cajas, como cualquier otro tipo de empresa deberían quebrar si hacen las cosas mal. Otros actores tomarían el lugar de los caídos y el Estado debería solamente vigilar que ninguna entidad concentrase demasiado poder económico. En caso de perder ventas, deberían competir con tarifas más baratas (o rentabilidades de inversiones más altas) para atraer nuevos clientes.

Curiosamente, ocurre todo lo contrario. El Estado impide que los bancos que hayan tenido una gestión desastrosa quiebren. Incluso facilita que se fusionen para hacer entidades que a la vez distorsionan la competencia y representan un riesgo tremendo en caso de quiebra (el famoso riesgo sistémico). ¿Y que hacen las entidades que peor van para compensar la bajada de ventas? Suben los precios. Total, como son pocos y todos los hacen, los clientes no pueden escapar a ninguna parte.

 

2º- El sector petrolero

Otro sector altamente concentrado, en manos de 3 o 4 grandes grupos internacionales. Dictan los precios a sus distribuidores (las gasolineras de su red), y para compensar la gran caída del consumo de combustible provocado por la crisis, su respuesta ha sido subir precios y márgenes para seguir ganando lo mismo que antes. ¿Y quién se lo va a impedir? El Estado seguro que no, ya que como más del 80% del precio de la gasolina son impuestos, a mayor precio, mayores ingresos presupuestarios.

 

3º- Telefonía móvil

El sector de la telefonía móvil ha conocido en los últimos años el impacto combinado de la crisis y de la aparición de nuevos operadores (las OMV), mucho más baratos. Con la caída de los ingresos de las familias, los clientes se han vuelto más exigentes. Muchos han dado de baja líneas que no usaban y una cantidad cada vez mayor ha decidido abandonar las grandes operadoras para contratar con una compañía más barata.

En este caso, parece que la ley de la oferta y la demanda está funcionando. Pero cuando se analizan las noticias económicas, se puede apreciar como las grandes están preparando una respuesta nada liberal a la situación. Por ejemplo, el mes pasado Orange compró Simyo, y todo parece indicar que en breve también comprarán Yoigo. La estrategia es muy sencilla: si las grandes operadoras compran a las supuestamente low cost: ¿Cuánto tiempo crees que las tarifas de bajo precio se van a mantener baratas?

 

4º- Automóvil

El sector automóvil ha sido uno de los grandes beneficiados de la burbuja crediticia. Ahora que ya se hace difícil comprar un coche a crédito (algo que no recomendamos en el blog), las ventas se han desplomado, y los constructores tienen la costumbre de pedir auxilio al Estado en forma de Plan 2000E o PIVE según las épocas.

Algunos podrán defender que esas ayudas son positivas, porque permiten aumentar las ventas del sector y mantener el empleo. Incluso si admitimos eso (y que no se trata simplemente de una anticipación de las compras que a largo plazo no tiene impacto), la pregunta sigue siendo: ¿por qué el sector automóvil y no los bares, o las panaderías, o las empresas de fontanería? ¿Crees que si hubiese 5000 constructores distintos sumando las mismas ventas conseguirían las mismas ayudas?

En lugar de bajar precios o de adaptar la estructura al nivel de mercado real en España, curiosamente el sector automóvil siempre espera que el Estado le ayude a asumir parte de la pérdida. ¿Es ese el libre mercado?

 

Conclusión

Podríamos seguir haciendo una larga lista (incluyendo las eléctricas, las compañías de gas o las empresas de suministro de agua, por ejemplo), pero creo que ha quedado claro el punto.

El papel del Estado debería ser impedir que las empresas privadas alcancen un tamaño que les haga escaparse de las reglas del mercado, pero en lugar de eso lo facilita.

Dependiendo de la ideología que tengamos, podemos estar a favor de reforzar el sector público o de confiar en el libre mercado, pero lo que tenemos ahora no es ni lo uno, ni lo otro. De seguir así pronto tendremos monopolios privados igual de improductivos que pueden llegar a ser los monopolios públicos, salvo que el dinero no será de todos, sino de unos pocos.

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