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La rentabilidad histórica no garantiza la futura

Hace un mes quise llamar la atención sobre la mentira que consiste en presentar una inversión como segura (ninguna lo es). Esta vez me interesa rechazar otra idea muy arraigada e igual de dañina: el interés de los inversores por los productos que han demostrado haber obtenido grandes rentabilidades.

 

La estadística explica el pasado, no el futuro

 

El título lo resume muy bien: el desarrollo de los eventos pasados no implica que se vuelva a producir lo mismo en el futuro. Es un error en el que suelen caer muchos periodistas deportivos, cuando afirman cosas como “el Real Madrid nunca ha perdido en casa contra un equipo alemán en la fase de eliminatorias de la Champions League” (es un ejemplo inventado). Que la afirmación sea cierta no garantiza nada para futuros encuentros. Es pura estadística.

Quizás se vea más claro con el lanzamiento de un dado. A la hora de lanzarlo por décima vez, poco importará que haya sacado 9 veces seguidas el 6. En el momento del lanzamiento, sigo teniendo una posibilidad entre 6 de obtener cualquiera de los números.

 

A menudo, la rentabilidad histórica es incluso un lastre

 

En efecto, una elevada rentabilidad pasada puede significar que el producto ha llegado a un valor muy alto, que le será muy difícil de mantener. La situación más crítica es en el caso de las burbujas, como la demostrada del mercado inmobiliario y la más que probable que exista sobre los metales preciosos. En estos casos, la rentabilidad pasada solo garantiza que en el futuro cualquiera que invierta vaya a perder bastante.

 

En el caso del precio de una acción de una compañía puede pasar algo parecido. Su precio se puede disparar porque hay beneficios contrastados y en crecimiento o porque se estima que los beneficios futuros van a crecer notablemente. En algunos casos, como la OPV de Facebook, las expectativas son tan altas que incluso si la empresa consigue los beneficios que vaticinan los más optimistas, habrá que esperar años para que el precio de cotización corresponda al valor real de la empresa. Esto significa que un inversor nuevo puede perder bastante, pese a que los anteriores hayan conseguido rentabilidades muy buenas.

 

Lo más importante es volver a los aspectos fundamentales para valorar la inversión

 

Olvidemos el pasado. Lo importante es saber si lo que compro me puede ofrecer una buena rentabilidad en el futuro. En el caso de la bolsa, significa buscar empresas con buenas perspectivas y cuya cotización sea razonable (usando como criterio elementos como el PER).

 

En otros mercados, tendremos que buscar un consenso sobre el valor de mercado de nuestra inversión. Por ejemplo, si hablamos de invertir en vivienda, tenemos que tomar en cuenta el nivel de vida del país, y darnos cuenta que en España una vivienda media no debería costar más que 4 veces los ingresos netos de una familia. Si en 2010 la renta media de los hogares españoles era de unos 25.000, entonces la vivienda media no puede costar más de 100.000€, y pagar más que esta referencia es arriesgarse a perder bastante.

 

Si hablamos de materias primas, o de divisas, las cosas se complican, pero también es posible encontrar informaciones realistas sobre su próxima evolución, aunque como ya hemos dicho, nunca nada está garantizado. Puedo afirmar que a medio plazo el oro bajará, y quizás el metal precioso se mantenga por encima de los 2.000$ la onza durante muchos años, pero aun así el consenso parece indicar que está sobrevalorado, y bastante.

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