Descubre los diferentes tipos de depósitos bancarios

Los depósitos suelen ser una de las opciones más habituales de inversión y ahorro por parte de los particulares. Por lo general, se les asocia con cierta seguridad, por dos motivos principales: la existencia del Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) y el bajo riesgo de la inversión en la mayoría de los casos (pero no en todos). Veamos una lista de depósitos bancarios, de los más sencillos a los más complejos.

¿Qué es un depósito?

Antes de ir listando los diferentes tipos de productos financieros, es importante determinar lo que es un depósito.  Para simplificar, se trata de una inversión que cumple esas dos condiciones:

  • Se invierte capital a cambio de una remuneración, que puede ser nula, fija o variable.
  • El depósito está garantizado por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD).

Este segundo elemento es importante. Si el producto financiero no está garantizado por el FGD, no es un depósito.

En España, el FGD cubre cada persona hasta 100.000€ por entidad financiera. Hay que tener claro que el riesgo cubierto es únicamente el de solvencia de la entidad financiera. Es decir, en caso de quiebra del banco, el capital vigente estaría garantizado por el Estado. Pero si el tipo de depósito implica por diseño una posible pérdida de capital (como lo que veremos de algunos depósitos estructurados), el FGD no cubre este riesgo.

Los depósitos a la vista

Son el tipo más sencillo. Consisten en unas cuentas bancarias donde el titular puede ingresar y retirar dinero libremente en cualquier momento. Normalmente los hay de dos tipos:

  • Los depósitos a la vista sin remuneración. Los conocemos más bien como cuentas bancarias. Nos permiten gestionar nuestro dinero del día a día, ingresar la nómina, pagar recibos, sacar dinero con tarjeta, y todo lo demás. Pero no ofrecen ninguna remuneración.
  • Los depósitos a la vista remunerados. Se les conoce también como cuenta ahorro o cuenta remunerada. Se puede poner y sacar dinero en cualquier momento, y los intereses se calculan sobre el saldo medio del periodo. Un ejemplo muy típico en España de este tipo de depósitos son las cuentas libreta. En lugar de usar una tarjeta para los movimientos, el usuario inserta una libreta en los distribuidores automáticos, que le permite identificarse y que registra los movimientos en cada página. La contrapartida de tener mucha flexibilidad para invertir y retirar dinero es que esas cuentas ofrecen una rentabilidad muy baja, que en la práctica casi les asemeja a las cuentas no remuneradas.

Los depósitos a plazo e interés fijo

En este caso, hablamos de un activo mucho menos líquido que los depósitos a la vista, ya que no se puede retirar el dinero tan fácilmente, o para ser más exacto, no se puede retirar el dinero sin consecuencias.

El funcionamiento de un depósito a plazo fijo es muy sencillo. A cambio de dejar el dinero invertido por un tiempo establecido en el depósito contratado, la entidad financiera garantiza que se cobrará un interés estipulado desde el principio. Por ejemplo, un banco puede ofrecer un tipo de interés del 2% a cambio de dejar el dinero 24 meses en el depósito. Si el cliente desea sacar su dinero antes del vencimiento, puede hacerlo libremente, pero tiene una penalización, que puede llegar hasta el 100% de los intereses acumulados a la fecha. Eso sí, el capital está garantizado.

Merece la pena analizar tanto el tipo de interés como las penalizaciones. Por lo general, a mayor plazo contratado, mayor es el interés ofrecido por la entidad. Y cuando el plazo es de varios años, es muy probable que la penalización no borre todos los intereses generados durante el periodo. Pero eso depende mucho de un banco al otro, y por eso es tan importante preguntar por todas las condiciones.

Los depósitos regalo

Se llama así a un tipo de depósito bancario donde la remuneración no es dineraria sino en especie. Seguramente habrás escuchado alguna vez a un amigo, familiar o conocido contarte como su banco le había regalado un televisor a cambio de una inversión. En este caso, lo que ocurre es que la entidad paga los intereses del depósito con un objeto, cuyo valor ha determinado.

Aunque el banco pueda comprar los televisores a mejor precio que un particular porque compra en masa, por lo general la rentabilidad de esos productos es inferior a los de tipo fijo. De hecho, se recomienda a los particulares que miren cuánto vale el regalo y cuanto conseguirían con un depósito a tipo fijo más clásico por el mismo plazo. Normalmente, conseguirían más dinero. Además, cobrar en euros permite elegir con mucha más flexibilidad lo que quieres comprar. Los regalos pueden atraer porque te los dan al principio del contrato, pero la mayoría de las veces no corresponden a una necesidad real.

Y también hay que saber que este tipo de depósito no se puede cancelar, porque el banco no puede recibir el regalo de segunda mano de vuelta si tú quieres sacar tu dinero del depósito.

Los depósitos a plazo e intereses variables

Son muy parecidos a los depósitos a tipo fijo, salvo que en lugar de saber exactamente a qué interés se remunerará la inversión, esa depende de un factor variable. Normalmente, este tipo de producto financiero se hace en base al Euribor. La persona que contrate este tipo de depósito tiene que tener un buen conocimiento de las implicaciones de la inversión.

  • Si el Euribor sube, puede conseguir una rentabilidad mayor a la que hubiera conseguido con un tipo fijo.
  • Si el Euribor baja, se puede quedar con una rentabilidad escasa, o incluso nula.

Para una persona que disponga de un crédito hipotecario variable, un depósito a plazo a interés variable basado en el Euribor puede ser una forma de protegerse de las variaciones del índice, ya que parte del sobrecoste de una subida del Euribor se vería compensada por los intereses de la inversión.

Los depósitos estructurados

Hemos dejado para el final los productos financieros más complejos, y también más arriesgados. Se trata de los llamados depósitos estructurados, que suelen basarse en un valor subyacente, por ejemplo un índice de referencia del mercado de valores (bolsa) o la cotización de una materia prima.

La primera característica notable de esos productos es que aunque el cliente cumpla con las condiciones de la inversión y deje el dinero hasta el plazo estipulado, no se garantizan los intereses, ya que dependen de las fluctuaciones del subyacente.

Otra característica importante es que en muchos casos el capital no está garantizado. Por ejemplo, en el caso de un depósito estructurado basado en la evolución de unas acciones de bolsa, es posible que al iniciarse el depósito se calcule un precio de referencia de las acciones, y si al final del plazo del depósito esas acciones valen menos que en el momento de la inversión, la pérdida correspondiente se aplique a los ahorros del cliente. Por eso es muy importante aclarar antes de invertir si se garantiza que al menos se cobrará al final el mismo dinero que se invirtió al abrir el depósito.

A menudo, las entidades procuran vender este tipo de producto insistiendo sobre las rentabilidades pasadas del subyacente. Hablan de un 7 u 8% de intereses en los años anteriores, y eso puede llegar a motivar al inversor. Sin embargo, los lectores del blog saben que las rentabilidades pasadas nunca garantizan las futuras, así que seguramente no se dejarían convencer por el argumento.

La ventaja de este tipo de producto es que al tratarse de un depósito, el riesgo de insolvencia del banco está cubierto. Si un inversor compra acciones en bolsa, el FDG no cubre el riesgo de quiebra de la entidad que gestiona la cartera.

De todos modos, esos productos estructurados son complejos y deberían ser reservados solamente a inversores que entiendan muy bien el producto y conozcan el mercado subyacente.

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