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¿Qué porcentaje de tu cartera deberías destinar a la deuda privada?

Hace unos años, hablar de deuda privada (o private debt) era hablar del terreno exclusivo de fondos de pensiones, aseguradoras y grandes patrimonios. Hoy ya no es así: cada vez más inversores particulares están incorporando este tipo de activo a sus carteras. La pregunta ha dejado de ser «¿merece la pena invertir en deuda privada?» y cada vez suena más otra bien distinta: ¿qué parte de mi cartera debería ocupar?

Un mercado que ya no es solo cosa de institucionales

El volumen de activos gestionados en deuda privada ha superado los 2 billones de dólares a nivel mundial en 2026, y las previsiones apuntan a que podría llegar a los 3,4 billones en 2030, según datos de PwC. Solo Europa concentra ya unos 400.000 millones de dólares, alrededor de una quinta parte del mercado global.

¿Por qué está creciendo tanto? Porque hay demanda en los dos lados de la ecuación. Por un lado, los bancos han endurecido las condiciones para conceder crédito, así que muchas empresas —sobre todo pymes— buscan financiación fuera del circuito bancario tradicional. Los últimos datos de la encuesta SAFE del Banco Central Europeo muestran que un 42% neto de las empresas de la zona euro señaló subidas en los tipos de interés de sus préstamos bancarios en el segundo trimestre de 2026 (frente al 26% del trimestre anterior). Entre las pymes, ese porcentaje pasó del 24% al 43%, y la brecha de financiación para pymes se amplió de un 3% a un 5%.

Por otro lado, los inversores buscan alternativas de renta fija que ofrezcan algo más de rentabilidad que los productos bancarios tradicionales. Y ahí es donde entra la deuda privada.

De los grandes institucionales a las plataformas digitales

Durante años, invertir en deuda privada exigía dedicarle capital durante mucho tiempo, algo que solo estaba al alcance de inversores con horizontes muy largos, como fondos de pensiones o family offices. A diferencia de un bono cotizado, un préstamo privado normalmente se mantiene hasta su vencimiento, con pocas (o ninguna) posibilidades de salir antes.

Con el tiempo, surgieron gestoras especializadas que hacían de intermediarias: buscaban a las empresas que necesitaban financiación, analizaban su solvencia, estructuraban los préstamos y se encargaban de hacer seguimiento de los pagos. El capital institucional dejó de fluir directamente desde el inversor a la empresa, y empezó a canalizarse a través de estos gestores especializados.

La siguiente fase de esta evolución la está protagonizando el sector fintech. Las plataformas digitales han bajado las barreras de entrada y han hecho que la deuda privada sea accesible para el inversor particular. Plataformas de crowdlending (préstamos entre particulares y empresas) como Maclear conectan a inversores con pymes que buscan financiación. En lugar de tener que analizar tú mismo a cada empresa, es la plataforma la que se encarga de estudiar su solvencia, verificar su elegibilidad, estructurar el préstamo y gestionar los cobros.

Para el inversor particular, esto abre la puerta a un segmento de renta fija que antes era muy difícil de alcanzar. Muchos de estos préstamos tienen plazos relativamente cortos (normalmente entre 12 y 18 meses). A cambio de asumir menos liquidez que con un depósito bancario, el inversor puede optar a rentabilidades más altas, financiando además a la economía real. Eso sí, siempre hay que recordar que los préstamos a empresas a través de financiación alternativa conllevan riesgo de impago, cada inversor tiene que valorar si es una opción que le puede interesar.

Dentro de una cartera, la deuda privada encaja mejor como parte de la renta fija que junto a la renta variable. Complementa a los bonos públicos y corporativos tradicionales, aportando otra fuente de ingresos, sin alterar el papel que juega la parte de acciones.

¿Cuánto destinar a deuda privada?

Los inversores profesionales están aumentando su exposición a este activo. Según la última encuesta global de PwC sobre deuda privada que ya citamos al inicio del artículo, el 84% de los inversores institucionales con experiencia en este mercado planea aumentar su asignación en los próximos 12 meses, y un 56% de ellos prevé incrementarla hasta un 20%.

Para un inversor particular, sin embargo, no hace falta llegar a esos niveles. Como referencia general, una asignación de entre el 5% y el 15% de la cartera puede ser suficiente para captar los beneficios de diversificación e ingresos, sin asumir un riesgo de liquidez excesivo. Eso siempre que uno decida invertir en deuda privada dentro de su propia estrategia.

A la hora de decidir cuánto destinar, hay tres factores que pesan especialmente:

  • El horizonte de inversión. Antes de nada, hace falta pensar qué papel se quiere que juegue la deuda privada en la cartera y durante cuánto tiempo se quiere mantener el capital comprometido. Si el objetivo es generar ingresos estables durante varios años, puede tener sentido una asignación mayor. Si se anticipa que se cambiará la cartera con frecuencia o se está ahorrando para objetivos a corto plazo, es mejor mantener el porcentaje más bajo.
  • Las necesidades de liquidez. Incluso invirtiendo a largo plazo, siempre es necesario tener acceso a efectivo. El fondo de emergencia, compras importantes previstas y otros compromisos a corto plazo deben quedarse en activos líquidos. Por eso, solo se puede destinar a deuda privada el capital que no se va a necesitar antes de que venzan los préstamos. Cuanto menos predecibles sean las necesidades futuras de efectivo, más pequeña debería ser la asignación.
  • La exposición previa a la economía de las pymes. Si los ingresos del inversor ya dependen de una pyme (por ejemplo, si es autónomo o trabaja en una empresa familiar pequeña) ya está expuesto a los riesgos de este segmento. En ese caso, conviene reducir la inversión en este tipo de opciones para no duplicar el mismo tipo de riesgo.

Dos personas con el mismo objetivo de rentabilidad pueden llegar a asignaciones muy distintas, simplemente porque su situación personal es diferente. Por ejemplo:

  • Un empleado de 30 años, con ingresos estables, una estrategia de inversión a largo plazo y un buen colchón de emergencia, podría, si lo considerase conveniente para su estrategia de inversión, destinar entre un 10% y un 15% de su cartera a deuda privada. Con unos flujos de caja predecibles y sin necesidad inmediata de ese capital, se puede entender que se asuma comprometer una parte mayor en activos menos líquidos.
  • Una persona de 50 años, con una hipoteca pendiente, hijos que están a punto de empezar la universidad y varios compromisos financieros a medio plazo, en el caso de querer invertir en deuda privada, probablemente prefiera algo más conservador, entre un 5% y un 8%. Cuando los gastos importantes están cerca, preservar la liquidez pasa a ser prioritario, y una asignación menor a deuda privada es la opción más prudente.

Construir la asignación poco a poco

A diferencia de las acciones o los bonos cotizados, la deuda privada no se puede reajustar con un par de clics. Por eso, la planificación previa importa todavía más.

Una forma práctica de gestionarlo es mediante el llamado «escalonamiento de vencimientos» (o maturity laddering): en lugar de comprometer todo el capital en una sola inversión, se reparte entre distintos préstamos o fondos con vencimientos escalonados en el tiempo. A medida que cada inversión vence, puedes revisar tu cartera y decidir si reinviertes ese capital o lo destinas a otro objetivo.

Esta estrategia te da puntos de revisión periódicos sin necesidad de vender nada antes de tiempo. Además, ayuda a gestionar la liquidez, reduce la concentración en una único horizonte temporal de inversiones y permite que la cartera se vaya adaptando poco a poco a medida que cambian tus objetivos. En deuda privada, gestionar bien la cartera tiene menos que ver con mover el dinero constantemente y más con planificar bien cuándo vuelve tu capital a tus manos.

Este artículo tiene carácter informativo y no constituye asesoramiento financiero personalizado. Antes de tomar cualquier decisión de inversión, evalúa tu perfil de riesgo y, si es necesario, consulta con un asesor financiero.

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Categorías: Inversión
Etiquetas: Publirreportaje