¿Qué hay de invertir en verano? Llega junio, suben las temperaturas, nos desconectamos un poco de la rutina y, tradicionalmente, los mercados financieros también se van de vacaciones. Es un patrón histórico de manual: durante los meses estivales, tanto los grandes fondos institucionales como los pequeños inversores minoristas levantan el pie del acelerador.
Esto no es una suposición veraniega. Está perfectamente documentado en el célebre estudio ‘Gone fishin’: Seasonality in trading activity and asset prices’, que demuestra negro sobre blanco cómo la rotación de valores en el mercado global de renta variable cae en picado durante el verano.
En Europa el panorama es idéntico. Si miramos los datos del mercado al contado de Euronext, la liquidez media se desploma en torno a un 8,5% en plenas vacaciones. Y ojo a agosto, que suele meter un hachazo adicional del 10% en la actividad si lo comparamos con julio. Vamos, el clásico escenario desértico de mitad de año: menos volumen, menos liquidez y el dinero a medio gas.
Pero cuidado, porque este guion de «flojera veraniega» ya no es tan predecible como antes. En los últimos años, algunas opciones de inversión han empezado a romper la estacionalidad, ofreciendo rentabilidades estables o jugosas sin importar si estamos en enero o en mitad de agosto. Para ver si de verdad hay que temerle al verano financiero, vamos a analizar tres herramientas comunes y ver cómo les afecta el calor del mercado.
1. Depósitos bancarios: el refugio inmóvil
Seamos claros: un depósito bancario no es un activo diseñado para batir el mercado ni para buscar el rendimiento de tu vida; sirve principalmente para guardar la liquidez y que no coja polvo.
Aquí el verano no pincha ni corta. La rentabilidad de los depósitos está encadenada a los tipos de interés que dicta el BCE y se traslada a los ahorradores según las necesidades de financiación de cada banco (la famosa beta de los depósitos). Por lo tanto, tu dinero se moverá si el banco central mueve su política, no porque sea julio.
Es verdad que en verano la gente se olvida de andar cambiando de banco, lo que da un pequeño respiro a la competencia bancaria, pero esto no afecta en absoluto a la creación de los precios. Al no cotizar en tiempo real en un mercado abierto, los depósitos pasan olímpicamente de la falta de volumen veraniega.
2. Bonos europeos: aquí sí se nota la sequía
Con los bonos soberanos europeos la cosa cambia radicalmente. Estos sí que son sensibles a la liquidez, y el verano les pasa factura, especialmente en agosto.
Cuando los inversores institucionales recogen el chiringuito y los creadores de mercado reducen su actividad, los volúmenes de negociación en la renta fija se contraen de forma evidente. Informes de gigantes como Barclays apuntan habitualmente a agosto como el mes del «parón veraniego» por excelencia en este sector.
La cruda realidad de los datos apoya esto: si nos fijamos en los bonos corporativos con grado de inversión de EE. UU. (que se usan en todo el mundo como termómetro para medir la renta fija global), agosto es históricamente uno de los peores meses del año en rentabilidad, con un rendimiento medio excedente desde el año 2000 de un −0,09%. ¿La causa? Que, al haber menos liquidez y menos ganas de asumir riesgos por parte de los operadores, los diferenciales entre oferta y demanda se ensanchan y los libros de órdenes se quedan apáticos. Y en Europa se observa una dinámica muy similar.
3. Crédito privado: inmune a los vaivenes del mercado
Si lo que buscas es aislarte por completo del ruido diario de las bolsas o de los bonos cotizados, el crédito privado (que incluye la financiación a pymes) juega en otra liga. Aquí te expones a una prima de iliquidez que va totalmente por libre respecto a los ciclos de cotización pública.
A diferencia de una acción, tus rendimientos no dependen de si el mercado se ha levantado hoy con el pie izquierdo. Dependen de cosas reales: la concesión del préstamo, los plazos pactados de devolución y que el negocio que ha pedido el dinero no quiebre. Tú firmas un contrato con unos flujos de caja predefinidos, de modo que tu rentabilidad estimada se fija al principio de la inversión y no baila según fluctúen los precios en las pantallas. Eso sí, esto no elimina el riesgo de crédito: tu rentabilidad depende de que el prestatario devuelva el dinero, por lo que la solvencia del proyecto y las garantías asociadas siguen siendo lo decisivo.
En este terreno, plataformas de crowdlending o préstamos P2P como Maclear hacen de puente entre tu ahorro y las pymes, logrando que tus ganancias nazcan de la actividad económica real de esas empresas. Es un modelo basado puramente en el flujo de caja, no en el mercado secundario. Además, muchos de estos préstamos añaden colaterales o garantías para blindar la devolución. Al funcionar bajo este esquema contractual, al crédito privado le da exactamente igual el bajón estival de liquidez de los mercados públicos.
Comparativa: ¿Cuál elegir si nos preocupa el efecto verano?
Como ves, el verano no golpea a todos los activos con la misma fuerza:
- Depósitos bancarios: Estacionalidad cero. Dependen de lo que decida el BCE. Esto echa por tierra la idea de que son predecibles a largo plazo: si los tipos bajan, tu rentabilidad futura también lo hará.
- Bonos soberanos europeos: Sensibilidad moderada. Operar en julio y agosto puede salirte más caro o darte peores precios debido al bajo volumen. Los diferenciales se amplían y cualquier movimiento de dinero genera más volatilidad de la cuenta.
- Crédito privado (P2P): El más inmune. Al depender de contratos cerrados, tus rendimientos se blindan en el momento de invertir y no dependen de si hay tres o tres mil personas negociando en el mercado secundario. Adiós a la volatilidad estival.
La lección de sentido común: Buscar estabilidad frente al verano no garantiza de por sí un ingreso seguro. Fíjate en los depósitos: no les afecta la estacionalidad, pero son totalmente dependientes de los ciclos macroeconómicos. En un contexto como el actual, con políticas monetarias restrictivas e inflación dando coletazos, el verdadero riesgo no es el mes del año en el que estemos, sino la tendencia de fondo de los tipos de interés. Por eso, tiene todo el sentido del mundo mirar de reojo hacia herramientas donde las reglas del juego y los retornos se firmen por contrato antes de empezar.
La inversión en crowdlending conlleva riesgos, incluida la posible pérdida parcial o total del capital. Este artículo es informativo y no constituye asesoramiento financiero.