No compro nada si no inicié yo la transacción

mirillaCuando quieres ahorrar, en la medida de lo posible procuras evitar comprar cosas que no necesitas. Eso va mucho más allá de no comprar productos y servicios totalmente inútiles. Se trata de resistirse al impulso de compra y solamente adquirir lo que necesites. Y hace tiempo que llegué a la conclusión que nada de lo que pueda necesitar viene sugerido por un vendedor. Por eso tengo esa norma: no compro nada si no soy yo quien inició la transacción.

¿Quién inicia la transacción?

Hoy en día, estamos muy solicitados por los mensajes comerciales. Recibimos correos electrónicos promocionales, folletos en nuestros buzones, flyers cuando paseamos por la calle, llamadas a nuestros teléfonos e incluso comerciales de puerta fría. Eso sin contar con la publicidad generalista en todos sus formatos (televisión, radio, carteles, Internet, entre otros), o las “ofertas” de tiendas y supermercados que destacan un producto en particular para convencernos de llevárnoslo.

El punto en común entre todos esos mensajes comerciales es que nos intentan convencer de comprar algo que no habíamos pensado adquirir. Es decir, que la transacción comercial no la iniciamos nosotros tras entender nuestra necesidad, sino que compramos empujados por el mensaje comercial. Este mensaje es más o menos agresivo, pero su propósito es siempre influir sobre nuestro comportamiento.

Yo decidí que no me dejaría influir de esa manera. Evidentemente, no se puede escapar a los mensajes promocionales, pero creo que hay que aprovecharlos de una forma racional. Una de las formas de lograrlo es tomarse siempre un tiempo de reflexión antes de cualquier compra, para poder comprobar tranquilamente si de verdad necesitamos el producto o el servicio. Otra forma de aprovecharlos es cuando una promoción justamente coincide con algo que estábamos pensando comprar.

vendedor-puerta-a-puertaLos comerciales a puerta fría

Trabajo desde casa, y eso implica que esté presente cuando el comercial de turno viene a intentar vender su producto o servicio. A mí personalmente esas llamadas al timbre siempre me parecen una intrusión en el área privada, y no los recibo con buena gana, aunque por supuesto procuro siempre mantener la cordialidad.

Lo que es particularmente molesto es que los vendedores puerta a puerta que llaman a mi casa usan siempre técnicas muy poco éticas. No estoy preocupado por mí, ya que sé muy bien cómo llevarlos. Me molesta pensar que otras personas puedan caer en sus trampas. Porque esos comerciales reciben formación para “convencer” (o más bien engañar), mientras las personas comunes no están entrenadas para responderles. Dentro de las técnicas habituales están:

  • Crear un sentido de urgencia: “esa oferta acaba hoy”
  • Dar miedo: “si no contrata este producto o servicio, quedará desprotegido si ocurre X”
  • Dar pena: “este es un trabajo muy duro, todo el día en la calle y la gente no suele ser muy amable”
  • Tener respuestas preparadas para todas las objeciones que puedas tener (recuerda, están entrenados, tú no).
  • Hablar de grandes descuentos pero sin mencionar que el precio final tras el descuento es probablemente más caro que lo que pagas hoy en día.

Además, hay un subgrupo de comerciales a puerta fría particularmente despiadados, me refiero a los que intentan convencerte de cambiarte de compañía, usando cualquier truco, la mayoría de los cuales deben ser ilegales supongo.

Tienen muchos trucos para iniciar la conversación.

  • El más habitual es presentarse como empleados de la compañía eléctrica (suelen llevar una identificación con el logo de la empresa) y decir que vienen a ofrecer un descuento exclusivo.
  • Otras veces, se hacen pasar por el de la lectura del gas para que abras la puerta, gritando “él del gas”, cuando realmente quieren vender una oferta gas + luz.
  • En casos peores, se ponen muy serios y te dicen sin pestañear que la compañía eléctrica ha mandado un correo a las viviendas X, Y y la tuya en este edificio, respecto al incumplimiento de no sé qué cosa, y como no has respondido vienen personalmente a pedirte la información.

Siempre el objetivo es el mismo: conseguir que les muestres una factura tuya para copiar unos datos y cambiarte de compañía sin tu aprobación. Lo que evidentemente no es muy legal.

De todos modos, con cualquier comercial a puerta fría, sin importar lo que me quiera vender, promocionar o explicar no le dejo la oportunidad de explicarse. No le escucho. Le despacho amablemente y vuelvo a cerrar la puerta. Cualquier otra reacción es una pérdida de tiempo.

Las llamadas de teléfono

En mi caso recibo dos tipos de llamadas:

  • Como cualquier particular, me llaman para ofrecerme una mejor tarifa de teléfono o Internet, cuando precisamente me ocupo yo de estar pendiente de cuáles son las ofertas más interesantes para mí.
  • Como tengo un teléfono profesional, también recibo muchas llamadas de empresas que me quieren vender desde software de gestión hasta servicio de limpieza de oficina, pasando evidentemente por las ofertas de telefonía.

Como veo los dos tipos de llamadas, tengo que reconocer que normalmente me tratan muchísimo mejor cuando me llaman al teléfono profesional que cuando me llaman al personal.

En ese último, pueden llegar a tener la desfachatez de hablarme con ironía. Por ejemplo, si digo que no quiero escuchar su oferta me dicen “¿no quiere ahorrar? ¿Quiere seguir pagando más caro?” para intentar que responda. Pero no pico y me despido rápidamente. Cuando llaman a mi teléfono profesional no insisten si les digo que no. Me agradecen haber respondido y se despiden.

Esta diferencia supongo que se debe a que cuando llaman a un particular, esperan que conteste una persona con poco sentido común e insisten a ver si cuelan sus argumentos. Cuando llaman a un profesional, presuponen que la persona tiene sentido común y no caerá en los argumentos tramposos, y no insisten.

En cualquier caso, las llamadas las trato como los comerciales a puerta fría. No acepto ninguna oferta telefónica.

Publicidad y otras ofertas

Finalmente, quería hablar de las ofertas, especialmente en las tiendas y en los supermercados. Los famosos “-50% hasta fin de existencias” o “2×1 en detergente”. Aquí tengo un poco más de flexibilidad para comprar. Simplemente analizo si en un plazo corto de tiempo voy a necesitar este producto y si de verdad sería un ahorro comprarlo. Porque si lo compro y no lo necesito, es un despilfarro, aunque estén al 50% de descuento.

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¿Qué te parece esta norma? ¿También compras solo lo que habías planeado comprar o te dejas influir para los mensajes comerciales? Cuenta tus experiencias en la sección de comentarios.

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