Obsolescencia programada contra consumo responsable

obsolescencia programada¿Conoces la obsolescencia programada? Es un concepto a la vez interesante e indignante. Vamos a analizar esa práctica muy habitual en las empresas desde principios del siglo veinte. Se trata de una estrategia muy poco ética, y que ha tomado muchas formas. Una de sus mayores consecuencias es que nos obliga a gastar más de lo que quisiéramos. Por eso es tan importante saber de lo que se trata, para tomar medidas. El consumo responsable es sin duda nuestra mejor arma para ahorrar y proteger el medio ambiente.

Quizás la mejor forma de acercarse al concepto es ver el documental que emitió en su tiempo Televisión Española, llamado “Comprar, Tirar, Comprar” y que explica muy bien el origen y la evolución de la obsolescencia planificada. Como todos los reportajes, hay que tomarlo con la distancia y la mente crítica necesaria, pero, aun así, muestra unas prácticas preocupantes.

Origen y definición de la obsolescencia programada

¿Cuándo se originó la práctica?

Todo empezó con las empresas que fabricaban bombillas. Se dieron cuenta que si no dejaban de mejorar la vida útil de sus productos, llegaría el momento en el cual ya no tendrían mercado. En efecto, si vendes un producto que dura mucho tiempo, los consumidores no van a necesitar reponerlo. Por eso hicieron un acuerdo secreto, que está documentado. El acuerdo obligaba a todas las compañías del sector a fabricar bombillas que no superasen las 1.000 horas. Y se pusieron a invertir para conseguir este resultado. Hasta establecieron castigos y multas para las empresas que no cumpliesen.

Para el consumidor, dieron la vuelta a la tortilla. El límite de 1.000 horas se convirtió en una garantía de que las bombillas iban a durar ese tiempo de uso. Sí, fue una técnica bastante hipócrita.

Definición de la obsolescencia programada

El ejemplo anterior lo explica muy bien.

La obsolescencia planificada consiste en diseñar el producto desde el inicio para que funcione correctamente solo hasta cierto punto. El objetivo es obligar al consumidor a que tenga que sustituir el producto y lo vuelva a comprar.

Lo que es genial en esa estrategia, es que como es una práctica muy extendida, el comprador llega a pensar que es normal que su producto no dure más que eso. No lo achaca a una mala calidad, simplemente lo considera normal, y vuelve a comprar.

Evolución del concepto

La historia de las bombillas fue solo el primer paso. Más adelante, las empresas idearon otras técnicas para conseguir que el consumidor se deshiciera del producto incluso antes de que fallara.

El coche del año

Los fabricantes de coches en Estados Unidos pensaron en un concepto de marketing muy eficiente. Consiguieron convencer a la gente que para ser alguien, tenías que estar conduciendo el último modelo de coche. Tener el modelo del año anterior era de pobres. Evidentemente, no todo el mundo cambiaba su vehículo cada año, pero esa estrategia funcionó bastante bien durante años.

La evolución tecnológica

Hoy en día perdura el sistema, y se ha diversificado. Gracias al marketing y a la tecnología las marcas son capaces de hacer que sus clientes vuelvan a comprar incluso antes de que el producto llegue a dejar de funcionar. Quizás el mejor ejemplo sea con los productos de Apple. Muchísima gente siente la necesidad de tener la última versión del iPhone o del iPad, cuando racionalmente las mejoras aportadas son muy pequeñas y el producto anterior les podría servir varios años más.

Y para motivar a sus clientes para que cambien, incluso se sospecha que algunas marcas mandan actualizaciones que ralentizan el modelo de teléfono anterior…

El ejemplo opuesto

Para entender mejor la obsolescencia programada, quizás lo mejor sea imaginar un sistema económico donde no existiese. No hace falta buscar mucho. En la Unión Soviética, este concepto no tenía sentido. Al contrario. El objetivo industrial era fabricar productos robustos que pudiesen durar mucho tiempo. No importaba mucho el diseño, ni que fuera muy funcional. Importaba que durase, para no tener que volver a fabricarlo en mucho tiempo.

En ningún momento defiendo el modelo comunista. Solamente cito el ejemplo para explicar que es posible fabricar productos que duran.

¿Cómo actuar de forma responsable?

  • En mi opinión, el primer paso es reconocer que las empresas actúan con este tipo de prácticas, proporcionándonos productos que van a fallar más temprano de lo normal o creándonos la necesidad de cambiarlos sin más motivo que para poder ganar más dinero.
  • El segundo paso es darse cuenta de lo que implica. En un mundo con sobrepoblación, un consumo descontrolado como el que tenemos desde hace décadas nos está llevando a graves problemas ecológicos, tarde o temprano. No se puede tener un crecimiento infinito en un espacio limitado como nuestro planeta. Ya hemos visto las montañas de plástico en los océanos o el calentamiento global.
  • La otra consecuencia, más relevante respecto a la temática de este blog, es que esa práctica es una verdadera ruina para el consumidor. Si los productos que compramos nos duran poco, y tenemos que volver a comprarlos al poco tiempo, es algo muy similar a una estafa.
  • Entonces el tercer paso es la acción. No estoy hablando de manifestarse ni de protestar, sino de actuar de forma individual y racional. Lo mejor es hacer lo que más les duele a las empresas: no comprar este tipo de productos. Lo más fácil es resistirse a las modas tecnológicas y no caer en la absurda necesidad de cambiar de móvil cada año o cada dos.
  • La parte más complicada es identificar productos de calidad que duran, y buscar arreglar con recursos alternativos los productos que fallan. Por ejemplo, si un televisor deja de funcionar, si lo llevas a un taller te van a decir que no vale la pena repararlo, que va a costar más caro. En realidad muchísimas veces el arreglo es muy sencillo. Conocer a un experto en electricidad y electrónica puede salir muy barato.
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