El IPC oficial y la inflación real

ipc realTanto en Francia como en España escuche los mismos comentarios en la calle en el momento del paso al Euro. La gente no se creía los datos de inflación publicados por los gobiernos, y tenía la sensación de una tremenda subida de precios en las compras más cotidianas, especialmente con el redondeo al alza. Esta percepción no hay cambiado, hasta tal punto que se puede hablar de una verdadera fractura entre el IPC oficial y la inflación real.

¿Cómo se calcula el IPC oficial?

El Índice de Precios al Consumo (IPC) es elaborado por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) cada mes. Es un indicador en base 100 basados en una cesta de compra estándar con una ponderación.

Por ejemplo, en 2020 los factores que más pesan en el índice son “Alimentos y bebidas no alcohólicas” (19%), “Transporte” (15%), “Vivienda” (13%) y “Hoteles, Cafés y Restaurantes” (12%).

La información que se suele anunciar en los medios de comunicación es la variación interanual del IPC, llamada inflación, que es un porcentaje históricamente en España alrededor del 2 o 3%.

¿Por qué algunas personas piensan que el IPC no es real?

Sin embargo, muchas personas no se creen que los precios suban conforme a las variaciones registradas en el índice. A pesar de que contemos con un organismo oficial publicando unos datos contrastables, cunde la desconfianza, por varios motivos.

Los productos básicos

La primera razón es que muchas veces los precios de los productos más básicos, aquellos que conocemos más suben mucho más que el indicador general. Por ejemplo, una página web llamada IPC Real ha elaborado su propio índice, centrándose en una cesta de artículos de primera necesidad. Según este cálculo, la inflación sobre estos productos es muy superior al IPC General, con variaciones del doble o del triple respecto al indicador oficial.

La sensibilidad a las subidas

El segundo motivo, en mi opinión, es que el ser humano es más sensible a las malas noticias que a las buenas. Cuando sube la gasolina, nos quejamos y lo notamos, pero cuando baja nos olvidamos de comentarlo. De esta forma, siempre nos estamos centrando más en los productos cuyo precio sube que en aquellos que bajan. Esto no significa que la subida no sea real, pero tenemos tendencia a exagerarla.

 

Quizás la solución sería tener varios indicadores, uno para los productos de consumo más habituales, y otro para medir el coste de la vida. Pero, el indicador que se usa actualmente, el IPC tal como lo emplea el INE, me parece una herramienta útil, pese a sus limitaciones.

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