Consumir más no hace más feliz

consumir-mas-no-hace-mas-felizVivimos en una época donde la publicidad tiene mucha visibilidad, pero no es el único factor relevante. El papel de la presión social en la adopción de modas consumistas no se puede negar. Hoy en día, es perfectamente posible vivir sin móvil, sin embargo parece que para la mayoría de la sociedad, el teléfono portátil no solo es imprescindible, sino que tiene que ser inteligente.

Lo que ocurre con los smartphones pasa con cantidades de cosas, mucho menos necesarias de lo que podríamos pensar al ver sus cifras de ventas. Hablamos de productos caros, prácticamente de lujo, comprados no solo por los sectores más pudientes de la sociedad, sino también por las clases medias y a veces hasta por las personas de ingresos más bajos.

Se trata, en mi opinión, de una búsqueda para realizarse a través de la compra. Las campañas de marketing, reforzadas por las presiones de los círculos sociales, llegan a convencernos que para ser más persona tenemos que tener productos mejores. En muchas ocasiones, la imagen que representa el producto es mucho más potente que las simples atribuciones del mismo.

No estoy contando nada nuevo, pero no quita que sea cierto. Poseer tal o tal producto no hace ser más feliz. El consumo no da felicidad, al menos a medio y largo plazo. Puede dar un sentimiento de satisfacción durante unos días, pero este sentimiento no es real. No somos una persona más completa porque tengamos un coche de lujo o ropa de marca. Es más, si nos hacen falta este tipo de productos caros para sentirnos bien posiblemente tengamos problemas de autoestima.

El dinero no compra la felicidad. Hace falta un mínimo de dinero para poder vivir sin demasiada preocupación para el futuro, pero la tranquilidad financiera en ningún caso se puede asemejar a ser feliz.

En muchas ocasiones nos cuesta imaginar planes de ocio y diversión que no involucren consumo. Pensamos en salir y se nos ocurren cosas como ir al cine, hacer un viaje, ir a un restaurante. Es normal, toda la sociedad moderna está pensada entorno a la cultura del gasto. Con muy poco esfuerzo aparecen sin embargo decenas de opciones para pasarlo bien sin desembolsar nada, o gastando muy poco.

Esto implica obligarnos a trabajar nuestra imaginación. La buena noticia es que nuestra capacidad de innovación e invención es mucho mayor a la que nos podríamos creer. Basta con apagar la televisión y observar como nuestra mente es capaz de crear actividades lúdicas o reflexivas de todos tipos. Con la ventaja añadida es que cada situación que inventemos, cada momento que creamos es único. Es un producto de serie ultra limitada, que nadie más podrá tener.

Normalmente, como animales sociales que somos, nuestra felicidad viene compartiendo con los demás. Para hablar, reír, hacer deporte, competir, bailar o jugar con nuestros semejantes no necesitamos consumir. Ver una película es un momento ciertamente muy placentero, pero: ¿no es mejor aun comentarla luego con amigos? Y lo bueno de las conversaciones es que pueden abarcar infinidad de temas y durar casi indefinidamente.

Lo dicho: consumir más no hace más feliz. Si asimilas esta verdad podrás empezar a racionalizar tu gasto y vivir de forma diferente, al menor coste.

Si te ha gustado el artículo, puedes abonarte a mi fuente RSS. También puedes seguirme en Twitter aquí.

Artículos relacionados:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *


*

(Spamcheck Enabled)