¿Consumir para ser feliz? Sobre consumismo y felicidad

consumir para ser feliz consumismo y felicidadVivimos en una sociedad donde el consumo es el motor de la economía y parece que el objetivo de vida para muchas personas. Cuando vemos los anuncios o un amigo nos habla de su nueva compra, parece que hay que consumir para ser feliz. Pero, ¿de verdad es así? En este artículo he querido pararme un momento sobre la relación entre consumismo y felicidad.

¿Por qué compramos productos caros que no son imprescindibles?

En un artículo anterior, planteé la posibilidad de vivir sin móvil. Creo que hoy en día, es una opción cada vez más complicada, porque la gente usa las aplicaciones como Whatsapp de forma generalizada. Si una persona no la tiene, no se la toma en cuenta para muchas cosas. Es triste pero es así. Como nuestro comportamiento respecto a las comunicaciones ha cambiado, nuestras relaciones se ven afectadas.

Entonces, vamos a suponer que es imprescindible tener un smartphone. ¿Por qué entonces algunas personas tienen modelos de Apple o Samsung que rozan los 1.000€ de precio de venta y otras se gastan solo un poco más de 100€. ¿Hay tanta diferencia en la calidad y las prestaciones? Seguramente, no.

Lo que ocurre con los smartphones pasa con cantidades de cosas, mucho menos necesarias de lo que podríamos pensar al ver sus cifras de ventas. Hablamos de productos caros, prácticamente de lujo, comprados no solo por los sectores más pudientes de la sociedad, sino también por las clases medias y a veces hasta por las personas de ingresos más bajos.

Se trata, en mi opinión, de una búsqueda para realizarse a través de la compra. Las campañas de marketing, reforzadas por las presiones de los círculos sociales, llegan a convencernos que para ser más persona tenemos que tener productos mejores. En muchas ocasiones, la imagen que representa el producto es mucho más potente que las simples atribuciones del mismo.

Consumir más para ser feliz es una ilusión

No estoy contando nada nuevo, pero no quita que sea cierto. Poseer tal o tal producto no hace ser más feliz. El consumismo no da felicidad, al menos a medio y largo plazo. Puede dar un sentimiento de satisfacción durante unos días, pero ese sentimiento no es muy profundo. Es una ilusión que se desvanece rápidamente porque no te define. Es muy diferente a los logros que puedas tener en otros ámbitos de tu vida, al nivel personal o profesional.

No eres una persona más completa porque tengas un coche de lujo o ropa de marca. Es más, si te hacen falta este tipo de productos caros para sentirte bien posiblemente tengas problemas de autoestima. Pero no voy a hacer psicología de bar, que no es el objetivo del blog.

El dinero no da la felicidad

El dinero no compra la felicidad, como analicé hace un tiempo en otro post. Hace falta un mínimo de dinero para poder vivir sin demasiada preocupación para el futuro, pero la tranquilidad financiera en ningún caso se puede asemejar a ser feliz.

En muchas ocasiones nos cuesta imaginar planes de ocio y diversión que no involucren consumo. Pensamos en salir y se nos ocurren cosas como ir al cine, hacer un viaje, ir a un restaurante. Es normal, toda la sociedad moderna está pensada entorno a la cultura del gasto. Con muy poco esfuerzo aparecen sin embargo decenas de opciones para pasarlo bien sin desembolsar nada, o gastando muy poco.

¿Alejarnos del consumismo para tener felicidad?

Esto implica obligarnos a trabajar nuestra imaginación. La buena noticia es que nuestra capacidad de innovación e invención es mucho mayor a la que nos podríamos creer. Basta con apagar la televisión y observar como nuestra mente es capaz de crear actividades lúdicas o reflexivas de todos tipos. Con la ventaja añadida es que cada situación que inventemos, cada momento que creamos es único. Es un producto de serie ultra limitada, que nadie más podrá tener.

Normalmente, como animales sociales que somos, nuestra felicidad viene compartiendo con los demás. Para hablar, reír, hacer deporte, competir, bailar o jugar con nuestros semejantes no necesitamos consumir. Ver una película es un momento ciertamente muy placentero, pero: ¿no es mejor aun comentarla luego con amigos? Y lo bueno de las conversaciones es que pueden abarcar infinidad de temas y durar casi indefinidamente.

Lo dicho: consumir más no hace más feliz. Si asimilas esta verdad podrás empezar a racionalizar tu gasto y vivir de forma diferente, al menor coste.

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