La crisis en España: ¿una familia con malos padres?

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Imaginemos durante un artículo que este país es una familia, donde los padres son el Gobierno y los ciudadanos somos el pueblo, para intentar analizar si las decisiones que se están tomando durante la crisis en España hasta ahora han sido las correctas.

Esta peculiar familia tiene un problema. Aunque los padres gastaban un poco menos de lo que ganaban, no habían ahorrado mucho para épocas difíciles. Creían que lo habían hecho, pero comparando con los avales que habían dado a muchos de sus familiares estas reservas eran muy insuficientes. Ahora han tenido que asumir muchas deudas y tienen que encontrar formas de ganar más dinero y de gastar menos.

 

Las primeras medidas de los padres

 

Ante semejante problema, y para evitar la quiebra, el padre y la madre hacen cuentas. Su primera medida es obligar a sus hijos mayores, que trabajan, a que den una mayor contribución al presupuesto familiar (subida del IRPF). A continuación se dan cuenta que gastan mucho dinero en un seguro de salud y en el colegio de los niños, y optan por rebajar la cobertura del primero, y por cambiar a sus hijos a un establecimiento más económico (recortes en salud y educación).

 

Al mismo tiempo, para tener menos bocas que alimentar en casa, animan a algunos de sus hijos a irse a vivir a casa de los primos alemanes a quien les va mejor, sin importar que se vayan los más capaces.

 

Los padres no cambian las mayores aberraciones

 

Al inicio los hijos aceptan el principio del esfuerzo. Vivieron bien durante unos años pero las cosas van mal y hay que hacer sacrificios. Sin embargo, algo no cuadra. Los padres no se portan igual con todos sus hijos. A algunos en especial, no les exigen ningún tipo de esfuerzo, todo lo contrario.

 

Al hijo inversionista que pidió prestado dinero a todos sus hermanos y lo perdió todo, le siguen prestando dinero sin parar, mientras él sigue viviendo la vida loca. Peor aun, obligan al resto de los hijos a volver a prestarle más dinero, aunque todo el mundo sepa que lo volverá a perder.

 

Otro hijo solía dedicarse a escribir un panfleto semanal a la gloria de sus padres, que exhibía orgullosamente frente a sus hermanos. Este hermano también gastaba mucho más de lo que le daban, pero, halagados por su propaganda, sus padres le siguen prestando y avalando, sin plantearse pedirle que deje su actividad y se ponga a producir.

 

Otros hijos se habían prestado a ser los ayudantes de los padres, y aunque muchos entorpecían la buena marcha de la casa más que ayudaban, básicamente porque todos querían asumir cada vez más protagonismo, a los padres no les parecía importar y les daban la mejor paga. Cuando llegaron los momentos delicados, los otros hijos pensaron que se iba a poner orden, pero tampoco ocurrió.

 

El esfuerzo tiene que ser priorizado

 

¿De verdad en una familia normal se le daría el dinero que no se tiene al hijo derrochador a cambio de sacrificar parte del futuro de los demás hijos recortando en su salud y su educación? Es lo que han hecho los últimos gobiernos con los bancos.

 

¿Se permitiría financiar hasta el infinito otro derrochador solo porque nos elogia en sus panfletos? Es lo que se está haciendo con las televisiones autonómicas.

 

¿Se dejaría que parte de los hijos viviesen del cuento y entorpecieran el trabajo de los demás? Es lo que ocurre con las duplicidades administrativas y el número excesivo de cargos electos con sueldos faraónicos.

 

Quizás cuando se hayan cerrado o privatizado los canales autonómicos, eliminado el Senado y las diputaciones, reducido el número de ayuntamientos, disminuido sustancialmente el número de concejales y diputados autonómicos, eliminado las duplicidades entre administraciones y dejado de financiar los errores de los bancos no sea suficiente.

 

Quizás entonces haya que tocar las prestaciones sanitarias o aumentar el número de alumnos por clases. Pero desde luego, antes de tocar cosas importantes para el futuro, hay que empezar por lo totalmente prescindible.

 

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