¡No soy tacaño por querer ahorrar!

no soy tacaño por querer ahorrarSi hay una cosa que los ahorradores tenemos que aguantar casi a diario son las reflexiones desagradables de otras personas sobre nuestra gestión financiera. Lo que para nosotros es una decisión racional es para ellos un acto de tacañería. Lo curioso es que muchas de esas personas son las que no dudan en endeudarse hasta el cuello para mantener su nivel de vida.

¡Cuánto daño hace el consumismo!

Uno de los grandes problemas de la sociedad moderna es la asociación entre el consumo de ciertos productos y el éxito personal. Entiendo perfectamente que las marcas jueguen con las emociones de los compradores, y que una de las estrategias sea transmitir la sensación de estatus social. Pero por desgracia, demasiadas personas han integrado esta estrategia de venta como una verdad, y no pueden concebir su vida sin cierto patrón de consumo.

No soy lo que consumo

Pero, pese a la presión social y al marketing, una persona no es lo que consume. Elegir ir a un restaurante barato no significa ser pobre, ni que la diversión vaya a ser menor. Con un móvil chino se consiguen hoy en día los mismos servicios que con los aparatos de la manzana, salvo que por la cuarta parte del precio. Cada uno elige libremente los productos que le parecen más adecuados, pero el producto no define a la persona. Más bien son los criterios de decisión los que lo hacen.

Si eres de clase media, por mucho que te compres un coche caro a plazos y las mejores marcas, seguirás siendo de clase media. Puede que engañes a unos cuantos, pero realmente querer proyectar esa imagen de éxito es fundamentalmente vano. En realidad te engañas a ti mismo.

Prudencia y tacañería

A mí siempre me ha asombrado ver como muchas personas, con unos ingresos iguales o superiores a los que he podido tener, siempre se las han arreglado para no tener nada de reservas. Porque el ahorro sirve para eso: tener dinero para imprevistos y preparar el futuro.

Lo que muchos ven como tacañería es solamente visión a medio y largo plazo. El ahorro da una libertad enorme. Permite adaptarse a situaciones de crisis, incluso largas. De hecho, a menudo el ahorrador tiene un comportamiento anticíclico: en periodos de vacas gordas gasta bastante menos que lo que ingresa, y en vacas flacas puede tirar de reservas para mantener su nivel de vida, cuando otros tienen que pasar de un extremo al otro.

Ahorrar es ser prudente. Ser tacaño es hacer que la preocupación por el gasto se convierta en una obsesión que impida disfrutar de las cosas. Es verdad que existe el riesgo de cruzar la línea, pero normalmente muy pocos ahorradores son tacaños.

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