¿Un banco malo para España? ¿Qué es el Sareb?

qué es un banco maloEscribí este artículo hace mucho tiempo, cuando se estaba hablando de la posibilidad de crear un banco malo. Finalmente se creó el Sareb para liberar a los bancos de la carga de los activos inmobiliarios. El objetivo era así favorecer que volviera a fluir el crédito para los particulares y para las empresas. Pero sigue siendo interesante saber qué es un banco malo y por qué se hizo todo esto.

La necesidad de disponer de créditos para las empresas

En este blog, tengo la costumbre de ir desaconsejando repetidamente a los particulares sobre la idea de contratar créditos. Me refiero especialmente a los créditos al consumo. En mi opinión  constituyen una trampa muy peligrosa para tus finanzas personales.

Sin embargo es innegable que las empresas necesitan crédito para poder invertir en proyectos a largo plazo, que son los que crean empleo y riqueza para el país. La diferencia es que esos préstamos tienen un efecto palanca. Ayudan a las empresas en invertir en activos productivos que generan valor y cubren ampliamente el coste del crédito.

La losa de los activos inmobiliarios

El problema principal de los bancos durante la pasada crisis es que concedieron muchos créditos a promotores, constructoras y particulares. Esos préstamos tenían contrapartida unos activos cuyo valor se estimó de una forma muy inflada por culpa de la burbuja inmobiliaria.

Tanto los valores de los activos como su número estaban totalmente fuera de cualquier lógica económica. Se llegaron a vender (por la especulación) más viviendas en España que en Alemania, Francia e Italia juntas.

Lo que se produjo después no fue una ralentización del sector, sino a una vuelta a la realidad. Y la realidad es que había pisos construidos para (al menos) 4 años de ventas y suelo urbanizable en manos de los bancos para 40 años de demanda. Esto es lo mismo que decir que este suelo no valía nada, o casi nada.

La estrategia de la espera

Si nos centramos solo en el problema del suelo, podemos ver como durante la crisis la banca llegó a tener por 120.000 millones de euros de activos en terrenos. Y entre el inicio de la crisis en 2007 y el año 2011 tan solo había registrado provisiones para depreciar el 30% de ese importe. Con un cálculo rápido, se podía estimar que el ritmo de provisión de la banca llevaría a las entidades a tardar hasta el 2018 para terminar.

Durante la primera parte de la crisis, esa fue la seguida por la banca. Contaba con el beneplácito del Gobierno y del BCE. La idea era ir limpiando de a poquito sus activos sin reconocer abiertamente el colosal agujero de las cuentas. Y así se evitaba una quiebra masiva del sistema.

El problema es que esta estrategia tenía como consecuencia que mientras los bancos limpiaban sus balances, no cumplían con su función básica: la de conceder créditos. Ya tenían un riesgo elevado, no querían aumentarlo. Por lo tanto tan solo prestaban a los proyectos más solventes, sin arriesgarse nada. Y sin riesgo, no puede haber proyectos empresariales.

¿Qué tiene que ver el banco malo en todo eso?

El poder político descartaba dejar quebrar a los bancos. La verdad es que el riesgo para la economía era importante. Entonces la solución propuesta para aligerar el saneamiento, y no tener que esperar otros muchos años fue crear un banco malo.

En realidad, se trata de socializar las pérdidas. Se crea un banco público, que con el dinero de todos va comprando los activos problemáticos de las entidades financieras.

El problema es el precio de adquisición de estos activos. Evidentemente, si les comprase a precio de mercado, supondría convertir deuda privada en deuda pública (algo ya de por si muy problemático en esa situación), pero al menos no supondría una pérdida, siempre que el precio de mercado sea ajustado a la realidad económica (para el suelo, probablemente un precio 5 veces inferior al valor contable de estos activos).

Pero es evidente que esos activos no se iban a comprar a precio de mercado. Si volvemos a tomar como referencia el suelo, supondría una pérdida para el sector de 60.000 millones de euros, algo que precisamente llevaban años evitando reconocer. Y además del suelo estaban las viviendas en construcción, las construidas, las embargadas, etc.

¿Cómo se creó el banco malo?

En 2012, tras nacionalizar las entidades financieras más problemáticas (Bankia y similares), el Gobierno decidió crear un banco malo, el Sareb cuyo accionariado fue un 45% público (el FROB) y un 55% privado (los principales bancos y entidades financieras españolas).

Lo que se hizo fue trasladar al banco malo los activos más tóxicos de las entidades nacionalizadas, con un fuerte descuento. El objetivo fue que esas entidades pudieran centrarse en su reestructuración y en la gestión del negocio bancario en lugar de lidiar con los activos malos.

¿Funcionó la estrategia del banco malo?

Se puede argumentar que sirvió en su propósito para liberar a las entidades nacionalizadas de una parte de sus activos más problemáticos.

Evidentemente, el banco malo ha generado pérdidas año tras año, pero el consuelo es que no es un banco 100% público. Así que un 55% de esas pérdidas la han tenido que absorber los bancos privados.

Aquí el problema es complejo. Es difícil saber que hubiera pasado de haber optado por otra solución, como por ejemplo dejar quebrar Bankia en lugar de rescatarla. También es difícil saber el impacto que hubiese tenido tener que aguantar años con activos tóxicos en balance.

Si algún día se recupera el dinero del rescate a la banca, algo que es dudoso, habrá sido una operación claramente positiva. Y, si no ocurre, puede que también, porque no sabemos muy bien la alternativa.

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