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¿Qué es un banco malo?

Se está hablando cada vez más de la posibilidad de que el nuevo gobierno decida crear un “banco malo” para liberar a los bancos de la carga de los activos inmobiliarios y de esta forma favorecer que vuelva a fluir el crédito para los particulares y para las empresas.

En este blog, estamos aconsejando repetidamente a los particulares que no contraten créditos (especialmente créditos al consumo), ya que constituyen una trampa muy peligrosa. Sin embargo es innegable que las empresas necesitan crédito para poder invertir en proyectos a largo plazo, que son los que crean empleo y riqueza para el país.

 

La losa de los activos inmobiliarios

El problema principal de los bancos es que concedieron créditos a promotores, constructoras y particulares tomando como contrapartida unos activos cuyo valor se estimó de una forma muy inflada por motivo de la burbuja inmobiliaria.

Tanto los valores de los activos como su número estaban totalmente fuera de cualquier lógica económica. Se llegaron a vender (por la especulación) más viviendas en España que en Alemania, Francia e Italia juntas. Hoy no estamos asistiendo a una ralentización del sector, sino a una vuelta a la realidad. Y la realidad es que hay pisos construidos para (al menos) 4 años de ventas y sueldo urbanizable en manos de los bancos para 40 años de demanda. Esto es lo mismo que decir que este suelo no vale nada, o casi nada.

 

La estrategia de la espera

Si nos centramos solo en el problema del suelo, podemos ver como a día de hoy la banca tiene por 120.000 millones de euros de activos en terrenos. Y desde que inició la crisis en 2007 tan solo han registrado provisiones para depreciar el 30% de este importe. Con un cálculo rápido, podemos ver que al ritmo actual de provisión de la banca, para llegar a ajustar los solares a su valor real tendríamos que esperar otros 6 o 7 años más.

Porque esa es precisamente la estrategia seguida por la banca desde el inicio de la crisis y con el beneplácito del Gobierno y del BCE: ir limpiando de a poquito sus activos sin reconocer abiertamente el colosal agujero de sus cuentas, con el fin de evitar una quiebra masiva del sistema.

El problema es que esta estrategia hace que mientras los bancos limpian sus balances, no cumplen con su función básica: la de conceder créditos. Como tienen un riesgo ya muy elevado, no quieren aumentarlo y por lo tanto tan solo prestan a los proyectos más solventes, sin arriesgarse nada. Y sin riesgo, no puede haber proyectos empresariales.

 

La solución propuesta: el banco malo

Como el poder político descarta dejar quebrar a los bancos (algo que debería haber ocurrido por su nefasta gestión de la burbuja inmobiliaria), la solución propuesta para aligerar el saneamiento, y no tener que esperar otros 7 años es crear un banco malo.
En realidad, se trata de socializar las pérdidas. Se crea un banco público, que con el dinero de todos va comprando los activos problemáticos de las entidades financieras.

El problema es el precio de adquisición de estos activos. Evidentemente, si les comprase a precio de mercado, supondría convertir deuda privada en deuda pública (algo ya de por si muy problemático en la situación actual), pero al menos no supondría una pérdida, siempre que el precio de mercado sea ajustado a la realidad económica (para el suelo, probablemente un precio 5 veces inferior al valor contable de estos activos).

Pero es evidente que esos activos no se van a comprar a precio de mercado. Si volvemos a tomar como referencia el suelo, supondría una pérdida para el sector de 60.000 millones de euros, algo que precisamente llevan años evitando reconocer. Y además del suelo están las viviendas en construcción, las construidas, las embargadas, etc.

Entonces todos los contribuyentes pagaremos doblemente por los errores de otros: España tendrá más deuda soberana y por lo tanto estará obligada a más recortes, sin contar con las pérdidas que tendrá que asumir sobre unos activos sobrevalorados.

 

La única solución válida: obligar a los bancos a reconocer el valor de sus activos

Por mucho que nos pese a los ahorradores, el verdadero acto de valentía de un gobierno debería ser de obligar a las entidades financieras a valorar a precio real sus activos inmobiliarios. Y si alguna entidad cae y quiebra (incluso si todas quiebran), entonces intervendría el Fondo de Garantía de Depósitos. Aquellos que superasen los 100.000€ de ahorro por persona y banco perderían algo, pero sería pagar por no haber diversificado el riesgo.

En el lugar dejado por los bancos quebrados aparecerían otros actores dispuestos a llevar la actividad crediticia, y las cosas volverían a la normalidad, después de una situación bastante caótica pero de menor duración.

Si una fábrica de muebles fabrica demasiados productos sin haber valorado bien el mercado, se encuentra con stock sin vender. La única solución que tiene es bajar los precios para colocarlos. Si esto supone quebrar, quiebra. ¿Por qué el sector bancario tendría que ser tratado de una forma diferente?

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