Vuelve la temporada de frío, y con unos precios de la energía que siguen en niveles altos, tiene sentido hacer un pequeño repaso a los principales consejos que puedes aplicar para gastar menos en invierno. Muchos de ellos son costumbres que puedes tomar para hacer una diferencia día a día, mientras otros son cambios puntuales que aliviaran tu economía. No te los pierdas y empieza a ahorrar a pesar del frío.
Cerrar las persianas durante la noche
Mientras haya sol, es buena idea mantener las persianas abiertas, para aprovecharte no solo de la luz, pero también del calor que pueden aportar a tu casa los rayos del sol. También es importante ventilar bien tu casa durante 10 minutos cada día, para evitar humedades y purificar el aire.
Pero cuando cae la noche, deberías cerrar las persianas lo antes posible. No lo parece, pero aportan una pequeña mejora al aislamiento de tus ventanas. Eso implica que ayudan a conservar el calor de tu vivienda, lo que al final se refleja en un menor gasto de energía para calentar la casa.
Bajar el termostato de la calefacción
Ya que hablamos del calor dentro de casa, hay que repetir nuevamente que para sentirse bien basta con una temperatura de 19 grados. Es más, en los dormitorios, puesto que estamos bajo las mantas, podemos incluso permitirnos un par de grados menos.
Lógicamente, mantener una temperatura menor en tu vivienda tiene como consecuencia que necesitas menos energía para calentarla, y ahorras mucho dinero.
Levantarte y acostarte más pronto
A muchas personas nos molesta el cambio de hora, pero lo cierto es que, adaptarnos al cambio de ritmo del sol puede ser provechoso. Como hoy en día son muchas las personas que trabajan desde casa y pueden modular sus horarios laborales, viene bien esa recomendación.
Si te levantas con el sol y te acuestas a una hora prudencial, consigues varias ventajas. Primero, puedes usar la luz solar durante más tiempo. Segundo, como pasas más tiempo en la cama, descansar mejor y tienes mejor salud. Pero, sobre todo, usas menos tiempo la calefacción en zonas como el salón.
Bajar la potencia de la nevera
Ese es un consejo muy útil, y un detalle en el que pocas personas caen cuando empieza el invierno. Como la temperatura del ambiente baja, ya no hace falta que tu nevera use la misma potencia de enfriamiento. Puedes modular el termostato del frigorífico, lo que implica reducir su consumo de energía diario. Como es un electrodoméstico que está siempre en marcha, al final acabas ahorrando un dinero notable.
Cocinar con freidora de aire en lugar del horno
Ya que estamos en la cocina, vamos a hablar del dispositivo de moda: la freidora de aire. Está claro que hay diferencias notables entre los modelos y las marcas, pero, generalmente, se puede afirmar que una freidora de aire necesita menos tiempo y menos potencia que el horno eléctrico para conseguir la misma cocción. Eso se debe a que es un aparato más pequeño, con menos pérdidas de calor, y que aprovecha muy bien el movimiento del aire para calentar más rápido los alimentos.
Ahora, no creo que el ahorro energético sea un motivo suficiente para comprar una freidora de aire. Representa una pequeña inversión, no sustituye totalmente el horno, y habría que ver cuantas veces la usas al año. Pero, como usa mucho menos aceite que cuando cocinas con sartén o una freidora tradicional, es una alternativa bastante sana.
Cubrir cacerolas y sartenes cuando cocinas
Todavía no dejamos la cocina, porque hay que recordar un truco imprescindible. Cuando estás calentando comida en una cacerola, sartén o similar, gastas muchísimo menos energía si los cubres. Porque así evitas la pérdida de calor. De hecho, la olla de presión usa una lógica similar para conseguir cocinar alimentos en mucho menos tiempo.
Bajar la temperatura del calentador de agua
Muchos calentadores de agua tienen un rango de temperatura que va desde los 40 hasta los 80 grados. En invierno, los 40 grados pueden ser insuficientes para tener un agua caliente agradable durante las duchas. Pero, con el termostato marcando 45 o 50 grados, se puede conseguir una temperatura suficiente para estar cómodo.
Ten en cuenta que cuando fijas el termostato en un valor muy alto, se pierde mucha energía para llegar a esa temperatura y mantenerla en el tiempo. Y todo para que luego tengas que rebajar el agua caliente con una buena proporción de agua fría.
Duchas más cortas
Hablando de la energía que se gasta con el agua caliente, una de las mejores formas de reducir el gasto energético en invierno es estando menos tiempo con el grifo abierto. Muchas personas tienen la costumbre de quedarse más tiempo de lo necesario bajo el agua caliente de la ducha, porque en invierno no apetece salir. Pero, en realidad, con tres minutos con el grifo abierto es suficiente. Y se puede cortar el agua mientras te enjabonas.
Revisar la caldera y el aire acondicionado
Un mantenimiento adecuado de los dispositivos energéticos de tu casa permite que funcionen de una forma óptima, lo que a su vez supone un ahorro en su consumo y en tu factura. Al precio actual de la energía, es bastante probable que la visita de un fontanero o especialista te salga rentable, sobre todo si hace tiempo que no revisas el estado de tu caldera o de tus aparatos de aire acondicionado.
No usar temperaturas excesivamente altas con la lavadora
Generalmente, te basta con usar ciclos de 40 grados para conseguir una buena limpieza de la ropa. Tendrías que reservar los lavados a 50 o 60 grados únicamente para la ropa muy sucia, que no es un caso habitual. Incluso, hoy en día hay detergentes que funcionan eficazmente a 30 grados, permitiendo una buena higiene y un menor consumo energético.
Además, cuando limpias tu ropa a menor temperatura, también favoreces que dure más tiempo, porque las altas temperaturas suelen dañar más rápido los tejidos.
Reforzar el aislamiento de tu casa
Finalmente, puedes repasar las zonas de tu casa donde se pierde calor por el mal aislamiento. Puede ser porque las paredes son muy finas, o porque tienes ventanas antiguas, o incluso por espacios abiertos por debajo de las puertas. Es cierto que la inversión para mejorar el aislamiento de tu vivienda puede representar un desembolso importante, pero a la larga te suele compensar, especialmente si los altos precios de la energía se mantienen en el tiempo.