La gestión privada no es mejor que la pública: solo hay buenos y malos gestores

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La noticia de la privatización de la gestión de los hospitales valencianos me lleva a dedicar hoy un artículo a una idea muy extendida pero totalmente equivocada, según la cual cualquier gestión privada sería mejor que la pública. En realidad, la verdad es mucho más sencilla: hay buenos y malos gestores en todos lados.

 

Confusión sobre la causa

 

En primer lugar, reconozcamos la evidencia: España ha conocido una malísima gestión de sus recursos públicos en muchos ámbitos en los últimos años. Nos hemos creído ricos gracias al autoengaño de la deuda, lo que nos ha permitido que un sistema de gestión muy deficiente pudiera salir adelante.

 

La situación actual viene de una malísima gestión, cuya responsabilidad hay sido compartida, pero que en gran parte se debe a la clase política, que abusó de la confianza de sus votantes, fuera del color político que fuera.

 

Lo que no tiene sentido es que porque esta mala gestión haya sucedido en el ámbito público, se llegue a la conclusión de que las cosas salieron mal precisamente porque se trataba de asuntos gestionado por lo público. Cuando llegamos a este nivel de simplificación, se puede notar como el pseudo liberalismo, la ideología dominante estas últimas décadas, está tan arraigado en el discurso oficial.

 

Si aplicáramos el mismo razonamiento a Air Comet, Marsans, Martinsa, o a todos los bancos privados quebrados y rescatados por el dinero público (que conveniente, ¿no?), entonces podríamos afirmar que el problema es la gestión privada. De hecho algunos partidos políticos de extrema izquierda no se privan de afirmarlo.

 

Pero la verdad es que la mala gestión solo viene de malos gestores, sean privados o públicos.

 

La receta sencilla

 

No es difícil imaginar porque los responsables políticos prefieren creerse la mentira según la cual lo privado es mejor que lo público. No hacerlo sería reconocer que gran parte de la culpa la tienen ellos mismos, por haber dilapidado el bien común, no solo en muchos casos por su beneficio personal, sino también por su incompetencia y sus locuras megalómanas.

 

Ahora que las cosas van mal, y que la solución pasa por hacer un trabajo de fondo de productividad, recortando lo malo y potenciando lo bueno, están perdidos. No tienen valentía para hacer reformas realmente eficientes, y se limitan a grandes recetas poco eficaces, como recortes generales o subidas de impuestos para todos.

 

Otra receta muy sencilla es sencillamente escurrir el bulto, y pasar la patata caliente a una empresa privada. Que otro haga el esfuerzo que yo no me atrevo a hacer. Pero claro, el otro no es tonto, y no lo hace sin contrapartidas. Lo que vaya a heredar lo tiene que tener barato, para así sacar partido al trabajo. La consecuencia es que por tener unos políticos vagos y cobardes, el bien común se empobrece, y algunos actores privados aprovechan la oportunidad (algo perfectamente entendible).

 

El poder de la codicia

 

En el fondo, el motivo por el cual muchas personas aceptan como verdadera la idea que un sistema privado es más eficaz que el público es por algo que podríamos llamar “el poder de la codicia”. Por ganar más dinero, la empresa privada es capaz de mucho más esfuerzo que el sistema público, cuyo principal objetivo no es la rentabilidad.

 

En cierta medida, es cierto que la motivación por el dinero es potente. Pero el error es pensar que ese incentivo es común a todos los empleados del sector privado. Los únicos que realmente se benefician son los dueños y los grandes directivos. Por ganar más, ponen en marcha métodos y procedimientos orientados a una mayor eficiencia de la compañía, y que finalmente acaba generando más dinero para ellos y para los accionistas.

 

Pero, a medida que bajamos los escalones jerárquicos, la verdad es que hay poca diferencia entre un ejecutivo de grado medio del sector público y otro de una empresa privada. Y por privada, me refiero a las grandes multinacionales, cuyas estructuras administrativas recuerdan mucho al sector público.

 

La solución: un sector público orientado a la eficiencia

 

Muchas personas suelen echar la culpa a los funcionarios. Que si están muy mal organizados, que si trabajan muy pocas horas, que si tienen muchas bajas, etc. Pero en realidad, los abusos y las ineficiencias no son culpa de los empleados, sino de una mala organización desde arriba.

 

Cuando se hace un trabajo que busca la productividad, cuando se analizan las ineficiencias desde un punto de vista global, y sobre todo, desde el punto de vista del cliente (el usuario del sistema público), se pueden resolver muchas cosas. No hay ninguna fatalidad.

 

En mi vida personal he conocido municipios muy orientados al usuario, que facilitaban los trámites y no obligaban a ninguna espera. También he tenido que hacer colas en la calle durante horas para que me cierren la puerta en la cara porque “ya son las 2, vuelva mañana”. ¿La diferencia? Buena gestión desde arriba (primer caso), mala gestión y cobardía política (segundo caso).

 

La enseñanza del sector privado: el cliente lo es todo

 

Si hay algo que se puede aprender del sector privado, es orientar toda la empresa hacia el cliente. En el caso de las administraciones públicas se llama ciudadano o usuario, pero no deja de ser la misma persona.

 

Si se trabaja para darle el mejor servicio al cliente, en muchas ocasiones la estructura administrativa se reorganizará de una forma más eficiente. Pongo un ejemplo, que siempre me ha llamado mucho la atención: matricular un coche nuevo.

 

Hoy en día, es una actividad “privatizada” con gestorías para resolver la mala organización de las administraciones públicas. Cuando uno compra un vehículo, tiene que hacer trámites en tres administraciones: Hacienda, el Ayuntamiento y la DGT. Esto significa hacer 3 filas, varios desplazamientos y perder tiempo. En lugar de tomar una decisión valiente y orientada al usuario: simplificar el proceso dando a un solo organismo la potestad de hacer todo el proceso, se ha privatizado. Los compradores prefieren pagar 300€ a una gestoría para resolverlo, y los que no pierden al menos una mañana en trámites.

 

Viendo las cosas desde el punto de vista del usuario, se podrían simplificar muchos procesos, y hacer ganar tiempo a cada ciudadano, para que no lo pierda en colas o esperas inútiles. Eso es productividad.

 

Una última reflexión

 

Cada vez que se privatiza una función pública en lugar de gestionarla mejor, todos acabamos pagando más caro por el servicio. Este sobrecoste son los beneficios de la empresa privada. ¿De verdad no seríamos capaces de gestionar mejor nuestro patrimonio común?

 

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5 pensamientos en “La gestión privada no es mejor que la pública: solo hay buenos y malos gestores

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  3. pasabaporaqui

    Me gustaria creer que la gestion publica es mejor que la privada, pero no lo veo tan claro. Pondre un ejemplo muy sencillo.

    Hace tiempo fui al ambulatorio de mi barrio por una gripe o no recuerdo exactamente que. La mujer que estaba detras del mostrador dando las citas no podia ser mas incompetente. Lentaaaaaaa y torpe hasta la desesperacion, apenas sabia manejar un ordenador o al menos esa era la sensacion que daba.

    Ella sola provoco una cola en la que nos mirabamos los que estabamos ahi y veia como nos estaba entrando una especie de indigacion que no sabiamos si echarnos a reir o llorar. En la empresa privada esa persona estaria en la puta calle en menos de una semana.

    Por cierto, en mi comunidad salieron publicadas hace años las bases de una especie de “oposiciones” que se cargaron los principios de igualdad, merito y capacidad. En su dia pude ver en los foros los lamentos y la impotencia de opositores por turno libre que llevaban años preparandose esa oposicion y que sabian que con esas bases no tenian ninguna posibilidad por la ventaja que se le daba a los interinos, (entre los cuales seguramente se encontraba esa señora).

    Otro ejemplo, un periodico local hizo una especie de encuesta hace años en mi ciudad en la que decia que habia hecho cientos de llamadas para pedir cita por telefono para el medico y que le habia sido imposible.

    Relacionado con esto recuerdo lo que me conto una compañera de trabajo. Despues de estar toda la mañana llamando se acerco personalmente a pedir cita y vio como 4 personas estaban charlando mientras el telefono sonaba a su lado. Les dijo que llevaba llamando toda la mañana y que porque no cogian el telefono. En ese momento una de las personas cogio el telefono.

    Y si, por supuesto que estoy a favor de que todos tengamos los mejores servicios publicos gratuitos. La pregunta es… ¿como lo hacemos?.

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    1. Ideas y Ahorro Autor

      Sin duda se pueden encontrar mil ejemplos de malos funcionamientos en la administración pública. Es más, incluso nos podemos atrever a generalizar y decir que es algo muy común. Pero no es una fatalidad. El problema es el diseño del sistema y la organización desde arriba.

      Controlar el trabajo de las personas, poner indicadores de calidad de atención al cliente no es incompatible con el sector público.

      Lo que no es de recibo es que los políticos abandonen su responsabilidad, y digan: no sabría reformarlo, mejor lo vendo y que otro lo organice.

      Porque la empresa privada solo vela por sus propios beneficios. Atiende lo mejor posible a sus clientes, pero lo hace en función de criterios puramente económicos. A un seguro de salud privado le interesa tener clientes que pagan y no se enferman, no enfermos crónicos que cuestan mucho dinero. Es más, hoy en día, muchas personas con dolencias crónicas ven como sus seguros privados no les renuevan las pólizas. ¿Es eso lo que queremos generalizar?

      Gracias por su comentario.

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